INTRODUCCIÓN


Antes la gente se retraía de escribir cartas por temor a que sus errores las pusieran en ridículo. Pero se volcó de repente a las cabinas públicas por la fascinación del correo electrónico para comunicarse con sus parientes y amigos. En poco tiempo todos estaban ejercitando los dedos como locos y adquiriendo una computadora para su hogar u oficina.

Nuevas y mayores facilidades tecnológicas, como las páginas web, blogs personales y redes sociales, exacerbaron el furor de la gente común por la comunicación. Grandes y chicos se vieron inmersos en un mar de letras y códigos de programación ¡El tabú había sido derribado! El conocimiento llegó a convertirse en una inundación que nadie pudo controlar ni atravesar de una a otra orilla. Ahora todos tenían algo que decir o preguntar, algo que contar o responder, algo que leer y compartir con propios y extraños... ¡y a nadie le importó sus horrores ortográficos (algunos realmente espeluznantes)! Todos empezaron a escribir a raudales y sin vergüenza.

Sin embargo, con ello, tanto especialistas como neófitos comenzaron a inventar nuevos equipos, códigos y jergas que les ahorraría tiempo. Pusieron a un lado las normas de escritura y reemplazaron, por ejemplo, "por qué" por "xq", "también" por "tmb" o "más" por "+", y la creatividad dio lugar a nuevos símbolos que cobraron vida y comenzaron a usarse con diferentes significados. Ahora uno podía escribir su firma al final de una carta simplemente como ":)" para significar "estoy alegre", "me siento bien", "síéntete bien", "sé feliz", "sonríe" o simplemente "te deseo lo mejor". Ya no importaba si se escribía "estoi alegre", "me siento felis" o "estoi ok". Bastaba con teclear ":)" y que entendieran a uno.

¿Para qué aprender a redactar y escribirlo mejor?

Lamentablemente, en la medida en que los más jóvenes e inexpertos reemplazan las normas de escritura tradicionales por el código abierto hablado de la jerga y de los grafitis cibernéticos, no se percatan de su riesgosa trascendencia. La sociedad no debe olvidar las vitales razones por las que en principio fue necesario que todos aprendiéramos los códigos tradicionales y respetáramos ciertas normas de escritura. Por eso la redacción eficiente siempre será el código de los buenos modales de la comunicación escrita.

Es cierto que a todos nos asiste el derecho de comunicar nuestras ideas como nos dé la gana, pero también lo es que si nadie nos entiende, ¿de qué serviría transmitirles un mensaje? Las pandillas diseñan claves, códigos y señas especialmente para que las otras pandillas no descubran ni decifren sus mensajes cuando los intercepten, muchos de los cuales a veces se relacionan con planes de violar la ley. La policía invierte muchos recursos investigando los lenguajes de estos grupos.

Pero lo que pudiera parecer práctico para impedir que gente no autorizada descubra nuestras comunicaciones, también podría convertirse con el tiempo precisamente en el principal obstáculo para nuestro propio progreso.

Si poco a poco nos aislamos y distanciamos debido a que no entendemos lo que el otro dice, tarde o temprano terminaríamos en un hoyo intelectual. Nadie entendería los mensajes. Nos volveríamos analfabetos respecto a los demás grupos humanos. Ya no solo tendríamos que aprender inglés, francés o alemán para viajar y aprender nuevas carreras, sino perder tiempo estudiando cada uno de los miles de millones de dialectos y jergas que se inventaran. ¡Me refiero al caos! Sería un caos lingüístico, una Torre de Babel moderna, una probabilidad realmente espeluznante. Al tiempo de escribir este artículo, se reconocían más de 7000 idiomas en el mundo. Si no existieran los diccionarios ni los lingüistas encargados de preservarlos, quedaríamos totalmente incomunicados.

De modo que aunque tenemos libertad de decir las cosas como querramos, nos conviene defender un estado de orden en la escritura a fin de mantenernos comunicados con el resto del mundo. Si nadie defiende el idioma, la consecuencia es el caos. Podría tomar muchos años, pero es una verdadera probabilidad. Necesitamos sujetarnos voluntariamente a ciertas pautas que no solo nos permitan entender lo que dicen los demás, sino que nos entiendan a nosotros.

Por eso, este blog contiene una consideración general de las normas, una interpretación del autor respecto a las mismas, y no se adhiere estrictamente a la manera como la explican los manuales de ortografía tradicionales. Mantiene un sano respeto por la pautas que ofrecen los defensores del idioma español.

Este no es un manual de redacción, sino una ayuda que se te provee como material de consulta respecto a puntos básicos relacionados con la redacción de temas breves. La idea es ayudarte a mejorar tu manera de decirlo para que el contenido no atente contra las formas y tus mensajes terminen metiéndose en el cuello de botella de solo unos pocos que puedan entenderte.

Por ejemplo, ¿de qué te serviría que te diga que el site de msc tiene las clues del disc que te permiten un dive más up? Tendrías que llamar a un traductor, gastar tiempo y dinero pagándole para que puedas resolver el acertijo. Es lo que sucede con el lenguaje de computadoras. Hay códigos html, xml, css y otros, cada uno con sus variantes y caprichos. Es verdad que cada uno es más eficiente que otro, pero al final solo pueden escribirlo quienes lo han entendido.

¿Querrías que alguien tenga que estudiar para que puedan leer lo que digas de aquí a diez años? No, ¿verdad? Quieres que te entiendan a la primera, y que hagan lo que les pides. No tiene ningún sentido poner obstáculos a la comunicación, a no ser que uno realmente desee ocultarlo de los demás, lo cual tiene su momento y lugar. Es mejor aprender los códigos más universales, para llegar a la mayor cantidad de personas con el menor índice de obstáculos.

Y esto es lo más importante: Por medio de los contenidos y formas, las personas bien instruidas pueden darse cuenta del grado de educación del escritor. No nos convendría para nada que la gente se formara un concepto equivocado de lo que somos. Queremos que la imagen general que proyectamos coincida y armonice con nuestra imagen escrita.

Por tanto, este material no debe usarse como un manual para la instrucción formal en ortografía, gramática y redacción general, porque no es mi propósito enseñarte a redactar cartas, memorandos, artículos periodísticos o guiones cinematográficos, ni a dominar el idioma. Solo es una consideración de algunos aspectos básicos de valor práctico sobre redacción que siempre he utilizado personalmente para escribir los artículos de Oratorianet.com. No lo he diseñado para impartir clases de redacción. Por eso he obviado intencionalmente aspectos que, desde mi punto de vista, no son para principiantes.

¿Gramática? ¿Qué es eso? ¿Cómo se come?

Muchas personas abren los libros de gramática y ortografía en busca de respuestas solo para cerrarlos como si hubieran visto un fantasma. Al ver el gerundio, los afijos, la yuxtaposición, el valor adverbial, el antecopretérito y antefuturo, la perífrasis, el presente de subjuntivo, y sobe todo, los complementos directo, indirecto y circunstancial, se sienten avergonzados y culpables de no entender nada, como si estuvieran obligados a hacerlo.

La finalidad del idioma es el entendimiento, y debería ser asequible, no intimidatorio. Por eso, es una paradoja el que un neófito rara vez entienda la enseñanza de los gramáticos, porque los gramáticos son los más indicados para hacerse entender con facilidad.

Te tengo una excelente noticia: Yo nunca tomé un curso de gramática u ortografía fuera de los que tomé en la escuela… como todos. Lo que ahora sé sobre la lengua lo debo a mi apasionada vocación autodidacta. Recuerdo a mi madre, obligándome a memorizar las conjugaciones de los verbos, como forzándome a tragar una sopa horrible. Supongo que no lo hacía por martirizarme, sino porque se hubiera avergonzado de comparecer ante la monja si la citaba para quejarse de mi ineptitud en Lenguaje. Finalmente, vomité la sopa de letras, ¡y ni hablar!

¿Qué hay de ti? ¿Sabes distinguir entre un pretérito pluscuamperfecto del modo indicativo del verbo “ser” y su antepospretérito? Necesitarías un diccionario o manual. De modo que si yo he podido redactar razonablemente, estoy seguro de que tú también podrás hacerlo con las sencillas técnicas que hallarás aquí.

Si supones que los temas que he redactado para Oratorianet.com han sido revisados o corregidos alguna vez por una secretaria profesional o especialista en redacción. Pues, no. Todos mis web sites los redacto personalmente basándome en gran parte en una corrección instintiva. ¿Cómo lo hago? ¿Cuál es mi secreto? De eso tratan estas páginas. Voy a compartir contigo lo poco que he podido entender acerca de lo mucho que hay que decir de nuestra maravillosa lengua española, reservándome lo que a mi juicio no entenderías ni a golpes. Solo tienes que concentrarte un poquito, ponerle empeño y darme la oportunidad de explicártelo.

Te animo a ver este material, no como un tratado sobre el idioma, sino como la asistencia de un amigo. Estos conocimientos prácticos, básicos, te ayudarán a redactar personalmente tus propios temas breves. Y si con ello logro despertar en ti el deseo de profundizar el idioma, ¡excelente! Podrás entender mejor cualquier manual de redacción general que decidas estudiar en el futuro.

Lógicamente, cuanto más logres entender cómo usar tu palabra escrita, más capacidad tendrás para enfrentar la vida; y cuanto mayor capacidad tengas para enfrentar la vida, tanto más me regocijaré de haber despertado en ti el interés por conocer un poco más la lengua que hablamos. No quiero que te sientas mal por no entender. Por eso, en Guía Para Escribir me he esforzado al máximo por explicarte estos asuntos de una manera simple y mnemotécnica, la única manera como finalmente yo mismo pude entenderlo.

Por decirlo así, escribir eficazmente es la oratoria del siguiente nivel. Porque aunque aprender a hablar en público es elemental, escribir eficazmente es el sello de garantía de que realmente entiendes cómo funciona la palabra.
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